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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

Más allá de varias casas – torre, de las murallas de Vitoria y de otras poblaciones de la provincia y pese a haber sido un territorio fronterizo, no han quedado en Álava apenas fortificaciones defensivas que destaquen por su brío estético.

No obstante y al margen de otras elucubraciones, nos interesa recorrer estos castillos para seguir conociendo la naturaleza cercana y por la relación que se producía entre los pobladores de aquellos castillos y su entorno natural. Ésta, fundamentalmente, era una relación funcional; simplemente elegían el mejor emplazamiento de la zona para poder atisbar a los enemigos cuanto antes. Tan importante era elegir el emplazamiento como la consistencia de los muros del castillo. Por eso, castillo sería sinónimo de alerta, de estar vigilante ante cualquier movimiento en el horizonte. Y esto debía ser agotador.

Camino al castillo de Marutegui

Camino al castillo de Marutegui

 

Curiosamente, el castillo que aparece representado icónicamente en el escudo de Álava no resulta muy conocido entre los alaveses. Es el castillo de Portilla. Aunque se ha acreditado que fue ocupado desde la edad de hierro o del bronce, según las diferentes fuentes existentes, en los siglos XI y XII su importancia se incrementó ya que constituyó un bastión defensivo del reino de Navarra, dominando el territorio situado entre el río Ebro y los valles de los ríos Ayuda e Inglares. Así y según se asegura desde la Sociedad Landázuri (http://www.landazuri.com/es/noticias_detalle.asp?id=341 ), el Castillo de Portilla fue uno de los dos únicos bastiones navarros junto con el de Treviño que no fueron tomados durante el proceso de conquista de Álava por parte del monarca castellano Alfonso VIII el Noble. Parece evidente que la especial ubicación estratégica del enclave defensivo, así como su eficacia poliorcética y robustez de sus muros jugaron un papel primordial en este sentido. No obstante, después el rey navarro tuvo que negociar y entregó el castillo a los castellanos a cambio de otras plazas.

El castillo de Portilla tiene una torre en lo alto de una roca de forma alargada y solo accesible desde una senda fácilmente defendible. Mantiene también un aljibe bastante bien conservado. A sus pies se encontraba la antigua Portilla de Ibda, una villa medieval amurallada, de la que no se conserva más que una iglesia, y con un corredor de piedra natural que hace de muralla en una parte del perímetro. Tanto la fortificación como el poblado estuvieron prácticamente despoblados ya en el siglo XIV, siendo ocupados posteriormente sólo en épocas de conflictos armados.

Torre del Castillo de Portilla

Torre del Castillo de Portilla

Aunque hoy queden poco restos de lo que un día fue, resulta seductor imaginarse y evocar cómo transcurrían los días en el castillo hace casi 1.000 años. Y a esto ayuda ascender hasta la torre del bastión, ayudándonos del pequeño acondicionamiento que se ha realizado recientemente (varios pasamanos), para convertir una simple excursión en una verdadera experiencia histórico – montañera, a la búsqueda de otras sensaciones. ¡Qué miradas y sensaciones tan diferentes entre ayer y hoy!

Castillo de Ocio en la Peña de Lanos

Castillo de Ocio en la Peña de Lanos

 

Además, esta visita al castillo de Portilla se puede completar con la ruta de los castillos. Cerca de Portilla, se encuentra Ocio, donde podemos visitar el castillo de Lanos. Está situado en lo alto de un peñón infranqueable por gran parte del perímetro, pero dispone de un acceso sencillo desde el pueblo. Aunque no goza de las vistas prominentes de su vecino, dispone de varias murallas concéntricas que le otorgan una mayor amplitud al complejo.

No obstante, mi castillo preferido de Álava se encuentra al noreste de los de Portilla y Ocio. Si bien es cierto que no posee su porte, el castillo de Marutegui guarda un especial encanto salvaje. Al avanzar por la N – 1, a la altura de Araia, despunta el cresterío de Aitzgorri, el Aratz y las cimas que le separan del Umandia. Sin embargo, si fijamos nuestra visión en las faldas del Aratz, se distingue una altiva peña coronada por un torreón derruido. Se trataba de un castillo. Por los caprichos de la toponimia, asociada a diferentes orígenes, se le conoce por varias denominaciones: Marutegui, Morotegui, Mirutegui, etc.

Llegando al Castillo de Marutegui

Llegando al Castillo de Marutegui

 

Desde Araia, partiendo por la conocida cuesta de las vagonetas, se llega en un agradable paseo. Así, de repente, como si estuviera abriéndose paso entre las hayas, despunta el castillo de Marutegui. Destaca su prominencia altiva, pareciendo inexpugnable, imposible de ascender sin material técnico. Pero si lograron construir un castillo allí arriba, por algún sitio se podrá subir, ¿no? Con estos devaneos mentales, pronto se alcanza la base este de la peña. Recorriendo la peña, es en su flanco suroeste donde se puede comenzar la trepada por una canal hasta alcanzar el castillo. Es necesario encadenar varias trepadas chulas de grado I o II, por lo que se requiere algo de destreza o experiencia para disfrutar trepando y destrepando. La recompensa, además de poder tocar las piedras del castillo a modo de fetichismo histórico, es la magnífica visión que se obtiene. Destaca, bajo el castillo, el amplio barranco boscoso que desciende desde la fuente de Iturriotz. Y, por encima del barranco, el cordal de montes que desde el redondo Aratz hasta el triangular Umandia conforman la divisoria de aguas cantábrico – mediterráneas. Adivinaremos entre hayas el nacedero del Zirauntza bajo los contrafuertes rocosos del Allarte, el monte Albeniz y la sierra de Altzania como telón de fondo. Si giramos los ojos hacia el sur, toparemos con la barrera de la sierra de Entzia con el monte Mirutegui como vigía, los montes de Iturrieta y la cadena de los montes de Vitoria (https://barroenlamochila.wordpress.com/2013/12/13/los-montes-de-vitoria-a-un-paso-de-casa ). Y hacia el oeste nuestras miradas se perderán en la llanada alavesa, distinguiéndose la pequeña sierra de Narbaja y los restos de otro castillo, el de los Guevara, apuntando al cielo.

Vista del Aratz y barranco de Iturriotz desde el castillo

Vista del Aratz y barranco de Iturriotz desde el castillo

 

Sin embargo, no fue el deleite paisajístico la razón para erigir un castillo aquí. Y, ¿por qué osaron levantar hace 1.000 años un castillo en esta peña? Como hemos afirmado, alguna función de observación debía cumplir. Y es que en la barrera que suponen las sierras de Aitzgorri y Aratz hay un paso natural que permite atravesarlas. Es el túnel de San Adrián. Aunque no se aprecie nítidamente desde el castillo, cerca del mismo transcurre una calzada que durante la Edad Media fue el camino natural entre Gipuzkoa y Castilla y que atraviesa la sierra por el túnel de San Adrián o Lizarrate. Aquí se edificó entonces una fonda y una ermita para los viajeros, peregrinos y comerciantes y un pequeño castillo, situado en la parte superior. La visión del túnel de San Adrián desde su entrada sur, donde la tierra se tragó el camino, resulta realmente mágica desde la percepción contemporánea. Porque la percepción hace unos siglos era diferente.

Donde la tierra se tragó el camino

Donde la tierra se tragó el camino

 

No fue hasta los siglos XVIII y XIX cuando el paso de San Adrián perdió su importancia estratégica, al abrirse un nuevo paso por el puerto de Arlaban, a través de Salinas de Léniz. Y fue en ese momento cuando el castillo de Marutegui dejó de ser eficaz para defender la calzada y, por lo tanto, se dejó de utilizar. Ahora, somos nosotros los que lo utilizamos para el goce y disfrute de nuestros sentidos, respetando la naturaleza y los legados de nuestros antepasados.

Canal de acceso al Castillo de Marutegui

Canal de acceso al Castillo de Marutegui

 

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