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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

Por una vez, la mochila no se ha rebozado de barro sino que ha mordido el polvo y la arena recorriendo los volcanes de Lanzarote.

Lanzarote constituye un paraíso geológico y un escenario ideal para recorrerla en soledad o en un grupo pequeño, alejándose del ruido de las visitas organizadas. Los paisajes yermos, ausentes de vida aparente, invitan a la introspección, a recorrerlos en soledad o con pocas personas, para mantener un diálogo íntimo con las rocas, la arena o los líquenes que comienzan a colonizarlos.

Lanzarote, tierra de paisajes y detalles volcánicos

Lanzarote, tierra de paisajes y detalles volcánicos

Si bien es cierto que habitualmente la flora potencia que percibamos la naturaleza como diversa, estos territorios presentan una diversidad muy interesante, fruto de una intensa actividad volcánica de milenios y de las cuales podemos observar su evolución a lo largo de este tiempo. Es como si la naturaleza hubiera plasmado su furia en un cuadro impresionista, recordándonos que los paisajes son fruto de casualidades y caprichos geológicos. Naturaleza y geología a flor de piel, sin bosques o nieve que la “enmascaren”.

Lanzarote nació hace unos 11 millones de años, durante el Mioceno, cuando surgieron los Ajaches, al sur, y Famara, al norte. Estas dos formaciones se fueron erosionando hasta el Pleistoceno y posteriormente se fueron uniendo  a causa de la actividad geológica del centro de la isla (y también en este momento a Fuerteventura). Y, dando un salto en el tiempo, no fue hasta los siglos XVII y XVIII cuando volvieron las erupciones volcánicas a Lanzarote, surgiendo Timanfaya. Debido a la baja pluviosidad y a la política conservacionista, la zona de Timanfaya se mantiene prácticamente inalterada desde entonces. A medida que se va enfriando, se va colonizando de fauna y flora y especialmente de líquenes (formados por la mezcla de un hongo y una bacteria).

Por eso, Lanzarote es un viaje geológico entre volcanes, porque permite apreciar la evolución geológica de un territorio y, por ende, de la naturaleza de primera mano y en una extensión muy reducida. Porque, pese a que los cambios no son perceptibles por el ser humano en bastantes años, la naturaleza está creando vida en este paraje abrasado por la lava, como una metáfora de la evolución de nuestra madre tierra.

Líquenes colonizando las rocas

Líquenes colonizando las rocas

Lanzarote está conformada por tres expresiones naturales: las playas y acantilados, los volcanes y el mar de lava que éstos han ido construyendo a lo largo de la historia. Así, los flujos de lava fueron modelando el paisaje y adoptaron diferentes aspectos, en función de la pendiente del terreno y la fluidez del magma, diferenciándose dos fundamentales:

ü  Lavas cordadas, que, como su propio nombre indica, parecen cuerdas enormes retorcidas. No obstante, desde la perspectiva de los niños (https://barroenlamochila.wordpress.com/2013/08/07/juegos-de-perspectivas-cosas-de-ninos/ )se asemejan también a la nocilla de un bocadillo.

Cuerdas de lava

Cuerdas de lava

ü  Malpaís, que son coladas de lava basálticas, generadoras de un caos de piedras y roca por donde es peligroso transitar. Personalmente, me recordaba a las grietas de los glaciares y seracs de la alta montaña cuando transitábamos por los alrededores de La Corona.

Malpaís o el caos

Malpaís o el caos

En este último caso, el horizonte se dibuja infinito, generando una sensación de insignificancia humana ante la fuerza de la naturaleza. Sin embargo, al pararnos y observar detenidamente la composición de las rocas, se abre un mundo soberbio de matices. El color negro contrasta con las rocas y piedras rojizas, marrones e incluso verdes, como la olivina. Y jugando la luz solar, las rocas pueden ir variando a lo largo del día.

Cada detalle es un tesoro

Cada detalle es un tesoro

No obstante, el material volcánico puede alcanzar la superficie no sólo en forma de ríos de lava sino también a través de piroclastos. Así llaman los científicos a los proyectiles que los volcanes lanzan en sus erupciones. En función del tamaño, los piroclastos se diferencian en:

  • Bombas volcánicas, que superan los 64 mm. de diámetro y pueden alcanzar grandes dimensiones, como se aprecia en la montaña Colorada.
Bomba lanzada por la Montaña Colorada

Bomba lanzada por la Montaña Colorada

  • Lapilli, son fragmentos de entre 2 y 64 mm. y que generan una alfombra de piedras y arena generalmente negra en algunas laderas de los volcanes de Lanzarote.
Tocando la arena

Tocando la arena

  • Ceniza, que son partículas de menos de 2 mm. de diámetro.

Al conducir por casi cualquier carretera de Lanzarote, los volcanes se suceden como si fuesen un catálogo montañero para los que nos gusta adivinar recorridos desde el coche. A veces, en ese momento y en otras ocasiones en un día posterior, ya estábamos siguiendo aquel camino inventado para acceder a otro volcán. Buscando nuevas sensaciones.

Al recorrerlos, resulta goloso imaginarse cómo erupcionaba el volcán que entonces pisábamos, en forma de estruendosa sacudida o en un “apacible” descenso de la lava por donde consigue abrirse camino. Como siempre, la naturaleza nos invita a trasladarnos a situaciones inverosímiles. Sólo se trata de aderezarla con pequeñas dosis de creatividad y documentación previa.

A continuación, apuntamos una serie de rutas que nos han parecido interesantes para conocer la diversidad volcánica de Lanzarote y disfrutar con la naturaleza. Nos hemos centrado en los volcanes, aunque también por las costas y algunos valles se pueden realizar recorridos magníficos:

ü  Ajaches: se mantienen edificios volcánicos modelados por el paso del tiempo, si bien no con la forma cónica de otros volcanes más recientes. Por eso, el Monumento Natural de los Ajaches, al sur de Lanzarote, bien merece una visita. Es, junto con la de Famara, al norte, la zona más antigua de la isla y desarrolla una pequeña cordillera formada por varios picos alineados. Tras una empinada subida en la que tendremos que inventarnos el camino de ascenso, las cimas del Ajache Grande y Ajache Chico constituyen dos magníficas atalayas para contemplar las playas de Papagayo y también para deleitarse con el sol naciendo del mar.

Monumento Natural de los Ajaches

Monumento Natural de los Ajaches

ü  Montaña de El Cuervo: impresiona por sus contrastes de colores y fácil acceso hasta el interior del mismo, ya que una sección de su cráter salió literalmente volando, generando una cómoda puerta de acceso. Por fuera, conforma un cono perfecto y está formado por piedra y arena negra en su base y roca en el perímetro superior del cráter. Por dentro, nos muestra una paleta más amplia de colores y formas psicodélicas en sus rocas. Además, si nos fijamos en sus alrededores, podremos distinguir una roca de importantes dimensiones que formó parte de la parte del cráter que se desgajó.

Montaña de El Cuervo desde el borde del cráter

Montaña de El Cuervo desde el borde del cráter

La Montaña del Cuervo seduce desde la distancia

La Montaña del Cuervo seduce desde la distancia

ü  Montaña Blanca: al norte del Parque Nacional del Timanfaya se alza este volcán. De fácil acceso por un sendero señalizado que parte de la carretera que une Mancha Blanca y el Centro de Interpretación, su cráter de 1,5 kms. resulta una joya para correr por su perímetro y bajar a su caldera, obteniendo otra perspectiva del mismo. Eso sí, con especial cuidado ya que, al no ser alcanzado por las erupciones del Timanfaya del s. XVIII y XIX, es un “islote” con muchos endemismos, que son los protagonistas de colonizar los mares de lava del Timanfaya. Además, se puede visitar también la Caldereta, la hermana menor de Montaña blanca, junto a ella. Y, cómo no, admirar el mar de lava que se desparrama hacia el norte.

Cráter de Montaña Blanca

Cráter de Montaña Blanca

Entre Montaña Blanca y Pico Partido nos dimos de bruces que otro volcán cercano a la carretera que nos sedujo y a través de una pista alcanzamos su base. Como sucede en la montaña de El Cuervo, se accede fácilmente al interior del cráter, donde encontramos algunas higueras y, sobre todo, un silencio sobrecogedor. Sin viento, vegetación ni animales grandes, el silencio lo inunda todo.

ü  Montaña Pedro Perico y Montaña Encantada: en el límite sur de Timanfaya (la mitad está dentro del Parque Nacional al que no se puede acceder), se encuentra Pedro Perico, en el que destaca la belleza de su cono volcánico, de arena y piedra fina en su primera mitad y roca en su borde. Hasta la montaña se puede acceder por caminos y senderos abiertos en el mar de lava y donde también se han plantado higueras protegidas del viento. Junto a ella se encuentra Montaña Encantada, de tonos rojizos y con un irregular cráter al que se puede descender sin dificultades.

Una higuera en el camino a Pedro Perico

Una higuera en el camino a Pedro Perico

Cráter de Montaña Encantada

Cráter de Montaña Encantada

ü  Montaña Colorada: si bien no constituye un recorrido espectacular si se han visitado previamente otros volcanes, al disponer de varios paneles explicativos sobre la geología volcánica resulta una excursión interesante y sencilla.  Además, se puede apreciar dos fenómenos vulcanológicos interesantes, como la enorme bomba volcánica situada al sureste del volcán (mostrada en una foto previa) y el mar de lava que, una vez colmatado el cráter descendió por su vertiente norte.

El cráter se colmató y fue descendiendo

El cráter se colmató y fue descendiendo

ü  Montaña Roja: comparte con la montaña colorada el color rojizo que le da nombre y la accesibilidad, en este caso desde Playa Blanca. Y aunque está bastante “tocada” por el ser humano, puede ser una buena oportunidad para contemplar un cráter desde su borde y bajar al centro del mismo. O para correr huyendo del duro asfalto…

Playa Blanca en el ascenso a Montaña Roja

Playa Blanca en el ascenso a Montaña Roja 

No obstante, existen muchos volcanes más, que albergan lugares increíbles. Pico Partido o el volcán de La Corona los dejaremos para una visita posterior y seguro que recorremos otros volcanes y paisajes que se nos crucen a nuestro paso. Nos dejaremos guiar por la brújula del instinto, el sentido común y el respeto a la naturaleza.

 

 

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