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Texto y fotografías: Iñigo Gómez de Segura

La primavera esta siendo especialmente lluviosa este año, y los verdes han tomado poderosos a nuestra querida llanada. Las gramíneas salvajes compiten en color y altura con las amaestradas, aquellas que nos otorgaran un año más las preciadas cosechas. Y en esta sabana exuberante, al abrigo de plantas y flores, deambulan seres que dibujan pequeñas historias que en conjunto conforman el día a día de nuestros campos, el flujo diario de elementos entre unos organismos y otros, en un baile que gira al ritmo de la crudeza y belleza de la naturaleza. Este es el relato de un día cualquiera dentro de esa selva, de nuestra interacción con ese micromundo tan cercano y lejano a la vez:

Un día en la sabana alavesa

Un día en la sabana alavesa

 

Shhhhhhhhhh, no espantéis a la serapia…

El rumor se había corrido por la pradera…se había visto una serapia deambulando por entre la foresta floral…las lluvias y fríos de este año habían hecho temer su aparición, y por ello  fuimos  a buscarla. Red de camuflaje, cuerpo a tierra, y a reptar entre la exuberante vegetación que cubre nuestra preciada sabana. Cuando ya pensábamos que no íbamos a encontrarla, atisbamos su presencia… allí estaba, roja, hermosa, despistada contemplando el caos primaveral…respirad tranquilos, enfocad, sujetad la cámara con fuerza, puede que solo nos conceda un disparo, y sobre todo shhhhhhhhhh, no espantéis a la serapia…

 

Shhhhhhhhhh, no espantéis a la serapia...

Shhhhhhhhhh, no espantéis a la serapia…

Trance impresionista

Ya me habían avisado de que aquellas setas no eran comestibles, pero no hice caso. A los 40 minutos fui consciente de que algo no iba bien. A la risa incomprensible, le siguió la fuerte subida en la saturación de colores. Los volúmenes se alteraron y las flores se hacían grandes y pequeñas, oscilando en proporciones. Tumbado en el suelo, moviéndome entre la risa y el miedo pude observar la escena. Entre el mar de color y formas que conformaba la pradera, una orquídea, una entre muchas, se torno nítida. Ella se convirtió, por unos instantes, en la protagonista de mi particular trance impresionista…

Trance impresionista

Trance impresionista

 Sobre la atalaya

La tormenta había golpeado con fuerza la sabana. El bombardeo acuoso había generado bajas entre la población de insectos de aquella zona. Los afortunados habían tenido tiempo de cobijarse al abrigo de alguna hoja lo suficientemente grande, y allí habían confiado en no recibir el impacto de alguna de esas bolas gigantescas de agua que acompañan al rayo. Los truenos se oían ya lejanos y la vida empezó a hacerse evidente entre la espesura, todavía temerosa y prudente. Y allí estaba ella, valiente, erguida sobre el frágil posadero en el que había hecho frente al enemigo que caía del cielo. Preciosa y radiante sobre su atalaya, sonreía a su buena suerte…

Sobre la atalaya

Sobre la atalaya

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