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Texto y fotografías: Iñigo Gómez de Segura

Aunque la estación por excelencia de las setas es el otoño (ya os hablamos el otoño pasado sobre el mundo de los hongos y las setas en la entrada “Tiempo de setas” ), en primavera también podemos encontrar a los frutos de los hongos en nuestros campos y bosques. Así, al ritmo de los días que se alargan, acompañando a las flores que invaden la naturaleza e integradas en el verde rabioso que anuncia el comienzo del ciclo fotosintético , las especies de setas propias de esta época hacen su aparición.

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes en su habitat, el bosque de ribera

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes en su habitat, el bosque de ribera

Si una especie puede considerarse en nuestra tierra como la reina de las setas de primavera, esa es el perretxiko (Calocybe gambosa). Algunos de los nombres comunes que recibe esta especie ya nos indican su época de aparición: seta de San Jorge, udaberri-ziza, seta de primavera, maiatxako ziza, etc. Esta seta de olor y sabor harinosos y que tanta afición gastronómica tiene en Álava, aparece en las zonas más bajas a mediados de abril, pudiendo encontrarse ejemplares hasta junio o incluso julio en zonas más altas. La época y condiciones climáticas de aparición determinaran su tamaño y calidad, y esto nos lo deja claro el dicho popular que sobre los perretxikos reza “los de abril para mi, los de mayo para el amo, los de junio para ninguno“. La relación de nuestros antepasados con esta especie puede remontarse por lo menos al siglo XVII, tal y como atestigua el “Diccionario Histórico del País Vasco” de 1802 que refiriéndose a la villa alavesa de Erentxun cita: “El Señorío pertenece por herencia a los condes del Vado en virtud de compra que hizo Juan de Salvatierra a doña Gregoria de Mendoza hacia 1600 y en reconocimiento del Señorío paga la villa dos cestas de ‘Perretxikos’ y dos cabritos...“. Sobre el origen de la palabra perretxiko (que en Álava se utiliza para nombrar a la Calocybe gambosa pero en otras zonas de Euskal Herria se utiliza para nombrar a las setas en general) nos lanza un dato muy curioso  Xabier Laskibar Urkiola del Departamento de Micología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que dice: Sobre esta palabra “perrechico” los Wasson (etnomicólogos de renombre) creen que proviene de “pecheritza”,nombre de la seta en ucraniano y que a su vez los gitanos lo incorporaron a su idioma caló, con el nombre de “perrechites” en sus viajes con destino a Euskal-Herria. En resumen, parece ser que fueron los gitanos los que nos enseñaron a conocer y degustar la seta de primavera que llamamos “perretxiko”. Curioso ¿verdad?.

Los acosados perretxikos (Calocybe gambosa) en su habitat de pradera

Los acosados perretxikos (Calocybe gambosa) en su habitat de pradera

Pero además de los perseguidos perretxikos otras setas también son típicas de esta estación. Descubriremos que muchas de estas setas primaverales no tienen la típica forma (con un pie y un sombrero que contiene las láminas, tubos o aguijones en la parte inferior), sino que nos ofrecen caprichosas formas fruto de la búsqueda evolutiva de medios más eficaces para la generación y diseminación de las esporas. Un buen ejemplo de estas estructuras diferentes son las Helvellas, curioso género cuyas especies desarrollan setas con forma de copa o sillas de montar. Aunque muchas especies de helvellas son más propias de otoño e invierno, podemos encontrar algunas especies en los meses de abril y mayo. Una especie abundante en estas fechas es la Helvella acetabulum, con setas en forma de copa (agujereada en muchas ocasiones) sostenidas por un pie corto habitualmente enterrado que tiene unas curiosas costillas claras que suben hasta la mitad de la “copa”. 

Ejemplares de Helvella acetabulum con sus típicas costillas que llegan hasta la mitad de la "copa"

Ejemplares de Helvella acetabulum con sus típicas costillas que llegan hasta la mitad de la “copa”

Otra familia muy importante en primavera es la familia de las morchelas o colmenillas (familia Morchellaceae). Dentro de esta familia hay varios géneros que tienen características diferentes. Así, podemos descubrir setas de tamaño pequeño con formas que se asemejan a un dedal ligeramente rugoso y/o ondulado situado sobre un pie claro largo. Nos encontramos ante especies del género Verpa, que incluye especies discretas pero bellas como la Verpa digitaliformis, que podremos localizar junto a los ríos, en los bosques de ribera, al igual que muchas otras especies de esta familia.

Ejemplares de Verpa digitaliformis

Ejemplares de Verpa digitaliformis

Probable ejemplar atípico de la especie Verpa digitaliformis

Probable ejemplar atípico de la especie Verpa digitaliformis

El género Morchella es el que da nombre a la familia, y en él se incluyen las setas que conocemos como colmenillas, morillas, cagarrias o karraspiñas y que son muy valoradas gastronómicamente. Las especies de este género tienen setas con sombreros muy característicos y llamativos, huecos y con forma ovalada, cuyo exterior está recorrido por venas o costillas sinuosas que formas celdas o alveolos irregulares que recuerdan a un panal de miel, de ahí el nombre de “colmenilla”. Este sombrero se apoya sobre un pie hueco, deforme y con la base engrosada. Entre las especies de este género, podemos encontrar en nuestro entorno la Morchella esculenta, siempre ligada a bosques de ribera.

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes

Aunque los ejemplares de esta especie son comestibles deben ser preparados adecuadamente para ello, ya que estas setas contienen algunas toxinas que las hacen tóxicas en crudo.  Algunas de estas toxinas, causantes de cuadros de diarrea, se destruyen con la cocción de los ejemplares. Sin embargo, otro tipo de toxinas, que causan en algunas personas un cuadro con mareos, temblores, falta de equilibrio, etc. similar a una borrachera que puede durar varios días, no son destruidas mediante la cocción y para eliminarlas la seta debe ser desecada-deshidratada previamente a su consumo. Además las colmenillas pueden confundirse con otras especies de aspecto similar (como la Gyromytra esculenta de sombrero con forma de cerebro y sin celdas) que son tóxicas incluso deshidratadas. Por ello, su recogida y consumo debe hacerse con precaución y asesorados por personas con conocimiento y experiencia.

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes, especie propia de bosques de ribera

Ejemplares de Morchella esculenta var. crassipes, especie propia de bosques de ribera

Otras especies muy similares a las colmenillas, son las pertenecientes al género Mitrophora, nombre que significa literalmente “la que porta la mitra”, en alusión al parecido entre los sombreros de este género y la mitra que visten los obispos.

Preciosa "mitra" de un ejemplar de Mitrophora semilibera

Preciosa “mitra” de un ejemplar de Mitrophora semilibera

Una bella especie de este género que podemos encontrar junto a nuestros arroyos es la Mitrophora semilibera, también llamada crespillo o sasikarraspiña.  En esta especie la unión del pie con el sombrero se realiza en la parte media de este último, quedando parte de la mitra semilibre (de ahí su nombre “semilibera”).

Ejemplares de Mitrophora semilibera y Verpa digitaliformis crecíendo juntos

Ejemplares de Mitrophora semilibera y Verpa digitaliformis crecíendo juntos

Como veis, las luces y calores de la primavera también nos traen interesantes setas. Su disfrute en el campo y su fotografía son actividades, no ligadas necesariamente a su recogida para el consumo, que desde aquí os recomendamos activamente. Porque a veces una mochila llena de barro y una tarjeta de memoria llena de imágenes nos da más alegrías que una cesta llena de setas ;).

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