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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

En este blog somos amigos de las incursiones subterráneas por las cavidades a nuestro alcance (Entrada “Tras las aguas subterráneas”), pero a ras de suelo también podemos encontrar testigos mudos de lo que un día fue una cueva. Estos restos pueden adoptar diferentes formas, desde rocas caprichosas o esbeltos pináculos hasta seductores arcos naturales. Hoy, vamos a detenernos en los arcos naturales, que, a modo de puentes, se han mantenido en pie debido a que el material era más consistente que el que le rodeaba, en el proceso de erosión.

En los últimos meses, hemos rastreado los arcos naturales de Euskadi y Navarra, andando por sustratos calizos, para destacar uno de cada provincia. Ésta es nuestra selección:

–   Gipuzkoa: Aitzulo. Nos encontramos ante un arco de gran volumen, junto al ojo natural de Aitzulo, y otro pequeño arco en la entrada a todo el complejo. Ya sea en días de sol, como entre tinieblas, resulta majestuoso.

Aitzulo en verano

Aitzulo en verano

Aitzulo entre tinieblas

Aitzulo entre tinieblas

–   Álava: Peña del Arco. Enclavada en el corazón del Parque Natural de Izki y rodeada por un soberbio hayedo, parece una protuberancia nacida de la tierra. Será debido a que la superficie que la rodeaba era fácilmente erosionable. De hecho, se aprecia una amenazante raja en la parte superior del arco, por lo que, probablemente, se derrumbará en los próximos años o siglos.

Peña del Arco

Peña del Arco

–   Bizkaia: Puente de los Gentiles. 

  • Al margen del conocido ojo de Atxulaur, puerta natural a Itxina (entrada “Itxina, el ngorongoro vasco”), queremos destacar el Puente de los Gentiles (Jentilzubi), en Dima. Es el arco de entrada al mundo mágico de Baltzola, territorio de leyendas, cavidades y túneles fantasmagóricos. Por estos lares y según cuentan, los gentiles, seres paganos de mayor altura y fuerza extraordinaria, habitaban en cuevas, de ahí la denominación de este arco.

 

El puente de los Gentiles

El puente de los Gentiles

–   Navarra: Portupekoleze. 

  • Agazapado en la Sierra de Andia, junto al puerto de Lizarraga, se esconde un arco diferente. Mientras que para los anteriores hemos de alzar la vista, en este caso lo encontramos bajo nuestros pies, aunque también podemos descender por la rampa de hierba para alcanzar su base y, así, imaginarnos mejor cómo fue un día.
Portupekoleze

Portupekoleze

Parece que, como en otras disciplinas, nuestros antepasados encontraron la inspiración artística en la naturaleza. No en vano, aunque las expresiones arquitectónicas han variado a lo largo de los últimos siglos, en todas ellas encontramos arcos de diferente índole (de medio punto, ojival, de herradura, etc.). Por eso, las sensaciones que nos proporciona un arco de gran volumen, como el de Aitzulo, nos pueden transportar a la sensación de entrar en una catedral gótica, mientras que la Peña del Arco se asemejaría más al recogimiento del arte románico.

Como hemos comentado, también podemos encontrar en nuestro entorno ojos naturales, caprichosos agujeros que cuelgan de un cortado y desde los que asomarnos al abismo. Pero ésta es otra historia o, mejor dicho, otro post…

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