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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

En este tiempo de lluvias, nieblas, nevadas y ciclogénesis varias, Francisco Góngora escribía en su blog (“Topo verde – El Zadorra otra vez”) que la naturaleza desbocada es un peligro, pero es un espectáculo gratis. Y razón no le falta. Si bien es cierto que las inundaciones producidas en Euskadi y Navarra han generado daños materiales y, por lo tanto, humanos, también la naturaleza nos ha brindado una ocasión única para sentir su fuerza y su belleza una vez más.

Ya hemos hablado en este blog de cómo el agua paulatinamente horada la piedra y va creando barrancos a lo largo del tiempo (entrada “A contracorriente, río arriba”). Y precisamente en estos días lluviosos, surgen muchas torrenteras y cascadas efímeras, que cuando escampe y la nieve deje de coronar nuestros montes, simplemente desaparecerán, hasta el siguiente invierno. Parece que la tierra chorrea, cual esponja mojada. También, en algunos de los días en que la niebla impedía a Vitoria ver el cielo, hemos atravesado el mar de nubes para descubrir que detrás de la niebla se escondía el sol.

Cuando el cielo arroja el agua…

Es la naturaleza efímera, un espectáculo gratuito, que nos permite comprobar cómo cambia un paisaje, un río o una montaña en función de las circunstancias. Qué poco podemos hacer los humanos ante esto. No hay soberbia que valga frente a la naturaleza.

Por eso, hemos aprovechado estas “inclemencias meteorológicas” para realizar algunas salidas por Álava, de las que os dejamos varias fotos acuosas…

Otra cascada cerca de Delika

Por encima de la niebla, el sol se asoma

Y Anboto siempre sobresale

Preciosa cueva – sima en el Gorbea

El agua marca el camino

Cascada en el barranco del molino

El bocarrón de Zaragua en estado puro

Del Zaldiaran también surgen riachuelos

El Gorbea abraza a Vitoria

La vieja colada de Ajarte a la Catedral de Santa María convertida en un cauce más

 

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