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Texto y fotografías: Iñigo Gómez de Segura

Un año más el otoño ha tomado nuestros bosques. Los verdes se han convertido en amarillos, las lluvias han ido empapando el manto de hojas que tan necesitado estaba del liquido elemento, y junto con el agua han aparecido las setas, que aunque están presentes en nuestros bosques prácticamente todo el año, es en esta estación cuando invaden con más fuerza muchos rincones de nuestros paisajes.

Ejemplar perteneciente al genero Coprinopsis. Estas setas son muy pequeñas y fragiles, cualquier manipulación las destroza

Pero… ¿qué son las setas?. La mejor manera de explicarlo es poniendo un ejemplo: imaginaros una parra trepadora de esas que se ponen en las huertas en los muros, o sobre cables, o cubriendo una superficie a modo de techo y que nos dan las uvas. Estas parras extienden sus ramas y van cubriendo una superficie y en la época adecuada sacan sus flores que al polinizarse dan lugar a los racimos de uvas que son los frutos que llevan en su interior las semillas (pepitas) que generaran nuevos ejemplares. Pues bien, imaginaros que esa parra tuviera todas sus ramas y hojas bajo tierra y que solamente dejara salir a la superficie sus frutos. Pues algo similar es lo que sucede con los hongos, que se encuentran en el suelo, en la tierra, entre la hojarasca, en las ramas caídas de los árboles etc. y solo en determinadas condiciones y épocas del año los hongos sacan sus frutos que son las setas, y es entonces cuando las vemos crecer en la tierra o entre la hojarasca o sobre las ramas caídas. Estas setas son frutos cuya función es crear y diseminar las esporas que son las semillas de los hongos (en realidad el ciclo es más complejo pero esto ya lo veremos otro día).

Ejemplar de Amanita muscaria

Por lo tanto, los hongos no los vemos aunque están ahí todo el año. Si alguna vez removéis las hojas del suelo de un bosque veréis una especie de fibras blanquecinas pegadas a las hojas, estas fibras constituyen el “cuerpo” del hongo que se denomina micelio. El micelio de un hongo puede ser enorme y vivir más de 1000 años. Como curiosidad, deciros que el ser vivo más grande del planeta hasta la fecha es un hongo, concretamente un ejemplar de la especie Armillaria Ostoyae, que vive en Oregon y cuyo micelio ocupa alrededor de 9 km2 de terreno (unos 890 campos de futbol), y se le calcula una edad de 2400 años. Los  micelios crecen año tras año  y algunos lo hacen de forma radial y otros de forma horizontal, por eso es habitual encontrar setas formando corros (círculos que reciben el nombre popular de corros de brujas) o líneas. Y como el hongo permanece en el suelo una vez que desaparecen las setas, encontramos las setas en los mismos sitios año tras año, con pequeños movimientos que coinciden con el crecimiento del hongo durante ese año.

Ejemplares de la especie Clitocybe nebularis, comunmente llamada pardilla o illarraka, que suele formar corros en nuestros hayedales (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Existen multitud de especies de hongos y cada uno de ellos se asocia a un tipo de habitat, y por eso los diferentes tipos de setas los encontramos en hábitats específicos (níscalos en pinar, boletus edulis en robledal, etc.). Y ¿de qué vive un hongo? Pues un hongo a diferencia de las plantas no puede generar su propia comida (a través de la fotosíntesis), por lo que se alimenta de materia orgánica. Y para ello, los hongos tienen tres formas de alimentación: los hay parásitos que se alimentan de seres vivos (que pueden ser plantas, otros hongos, etc.), los hay saprofitos que se alimentan de materia orgánica muerta (son la mayoría y se alimentan de restos vegetales en descomposición), y por último los hay micorrícicos que establecen una relación de simbiosis (colaboración en la obtención de nutrientes) con las raíces de algunos árboles y plantas. Cada especie de hongo genera una seta distinta, y mediante la identificación de éstas podemos conocer los hongos que pueblan ese hábitat.

Mycena haematopus, especie cuyos ejemplares exudan al corte un latex parecido a la sangre, de ahi su nombre

Es importante señalar que no hay hongos buenos y malos, y que todos ellos tienen una función en el equilibrio de nuestros hábitats, siendo los grandes recicladores de nuestros bosques y campos. Tampoco es cierto que haya setas no comestibles, todas se pueden comer pero algunas al ser venenosas solo se comerán una vez ;). La reciente afición masiva por la recolección de setas, está afectando a los hongos de nuestros bosques porque además de la excesiva presión sobre determinadas especies, una falta de conocimiento y respeto genera destrucciones masivas de ejemplares de setas y daños irreparables en los micelios por recolección inadecuada de las setas o alteración de los suelos en donde se encuentran los hongos. Las setas son mucho más que un alimento, y como tal deben ser tratadas.

Clitocybe odora, especie con un característico olor a anis

Os animamos a que, más allá del fin gastronómico, os deleitéis disfrutando de la multitud de especies que adornan nuestros bosques estos días con su enorme abanico de formas, colores y tamaños. Porque las setas son auténticas maravillas de la ingeniería natural, y si les dedicamos algo de tiempo y atención tienen mucho que ofrecernos aparte de una cesta llena…

Oudemansiella mucida, “mocosa” especie que crece sobre las ramas caídas de haya

 

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