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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

Cada vez es más frecuente ver a personas corriendo por el monte y, de hecho, en los últimos años se han multiplicado las carreras de montaña. Más allá de una moda pasajera, está naciendo un nuevo deporte, el trail running, diferenciado del atletismo y del alpinismo clásico. Sin embargo, ¿naturaleza y espíritu competitivo son compatibles?

En la naturaleza, la supervivencia condiciona el transcurrir de la vida. Si excepcionamos el fenómeno de la simbiosis, supervivencia es sinónimo de competencia. Todo árbol lucha por alcanzar la luz a costa de que otros, con una fuerza menor, mueran en el camino. Entre los animales, carnívoros o herbívoros, se compite por la comida, por el territorio o por las hembras. Y para todos no hay. Es aquello de la ley de la selva o, en términos más científicos, la selección natural. La competencia provoca la evolución y la adaptación al medio.

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Cuidado con despistarse…

En este blog estamos convencidos que la naturaleza es el mejor escenario para interactuar con la madre tierra y tener sensaciones y emociones inigualables. Y correr es otra forma magnífica de tenerlas.

Correr por el monte puede ser considerada una expresión deportiva o una forma más de interactuar con la naturaleza. Personalmente, me identifico más con la segunda categoría. Bajar por un sendero o una ladera, sorteando ramas o jugando a esquivar los árboles, genera una sensación de libertad plena. Hay muchos tramos, donde la bajada no es técnica, en el que el estado natural del cuerpo es aligerar la marcha y caminar al trote o corriendo, acompasando el ritmo según lo que el cuerpo nos dicte. Y cada terreno alberga una atmósfera especial, ya sea en el interior de un bosque de hayas, en un terreno rocoso o incluso en la selva.

Sendero en la selva – Xinping

Me encanta saltar, me fascina ese momento en el que dejamos de tener contacto con la tierra y, dominando nuestro cuerpo podemos alargar el salto e incluso realizar un pequeño escorzo con el cuerpo. Y jugando con los brazos para mantener el equilibrio. Es otra forma de conocernos, de sentirnos, de retornar fugazmente a la infancia.

Calzada romana en Andia
Calzada romana en Andia

Sin embargo, correr por el monte y las carreras de montaña son aspectos diferentes. Porque mientras en el primer caso es un diálogo con nosotros, en el que también podemos retarnos a uno mismo, e incluso conocer los límites físicos y mentales, en el segundo suele ser una pugna contra otros y lo que eso conlleva. Entiendo que es una cuestión de grados y una actividad y la otra no son incompatibles. No en vano, el mejor corredor de carreras de montañas, Kilian Jornet, mantiene una visión compatible del espíritu competitivo y del respeto e integración vital con la naturaleza, como plasma en su libro Correr o Morir (http://www.kilianjornet.cat/es/index). Pero me parece que se puede generar una dinámica un tanto peligrosa, basada en acumular más y más kilómetros en formato competitivo. Recientemente se ha celebrado la Diagonale des Fous, con 170 kms. y casi 11.000 metros de desnivel positivo, que ganó Kilian Jornet, donde falleció una persona. Y una cosa es explorar los límites del ser humano y otra es proyectar, por mucho juego limpio que haya entre los corredores, una cultura deportiva anti natural. Por eso, encuentro más interesante los retos personales que cada persona nos podemos plantear o, simplemente, correr cuando el cuerpo o la mente te lo piden, aunque sean 100 metros. Eso sí, ambas vividas con pasión. Esto, sin duda, es lo más importante.

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