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Texto y fotografías: Iñigo Gómez de Segura

Recién llegado el otoño, cuando la naturaleza comienza a prepararse para el próximo invierno, los hongos comienzan a sacar sus frutos por nuestros bosques, y los verdes dejan paso a los amarillos y marrones, todavía podemos disfrutar del espectáculo de la reproducción de algunos odonatos (libélulas y caballitos del diablo), y más concretamente de los rituales de cortejo y cópula entre ejemplares de la especie Lestes viridis.

Cópula de pareja de Lestes viridis (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Estos días, bajo el sol del veranillo de San Miguel, en pequeños cursos de agua con abundante vegetación situados en la llanada alavesa, solo tenemos que acercarnos hasta la orilla un día soleado y encontrar un buen sitio para sentarnos y en silencio disfrutar de este espectáculo, de las carreras, peleas y bailes que realizan los machos y hembras llevados por el instinto de perpetuar la especie un año más.

Pareja de Lestes viridis durante el cortejo (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Todo comienza durante la mañana cuando los machos llegan y toman posesión de sus territorios de cortejo que defenderán frente a otros machos. Luego aparecerán las hembras, que serán capturadas por los machos (los machos se dirigen volando hacía las hembras y las sujetan por el tórax con las patas para después, doblando su abdomen, agarrarla por el cuello, denominado protórax, con unas estructuras en forma de gancho que tiene en el extremo de la cola que se llaman cercoides). De esta manera se forma el tándem previo a la cópula donde el macho vuela sujetando a la hembra por el cuello con el extremo de su cola. Resulta espectacular ver estos vuelos en tándem por encima del agua. Durante este vuelo el macho intentará “conquistar” a la hembra convenciéndole (mediante un frotamiento a través de las cercoides y haciendo gala de su tamaño y simetría) de su idoneidad para la reproducción, pero finalmente será la hembra la que tenga la última palabra que confirmará o no que es receptiva mediante movimientos en vuelo.

Macho de Lestes viridis y detalle de los apendices anales (cercoides) que utiliza para agarrar a la hembra (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Detalle de hembra de Lestes viridis donde vemos señalada la zona (protorax) por donde el macho engancha a la hembra (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Tándem de pareja de Lestes viridis (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Una vez confirmado el “noviazgo” la pareja acudirá a ramas de árboles y arbustos que se encuentran por encima de la superficie del agua y allí posados realizarán la cópula. Para ello estos insectos adoptan una postura característica, donde la hembra (todavía sujeta por el macho) curva su abdomen hasta colocar su órgano reproductor (genitalia) bajo el abdomen del macho donde éste tiene su órgano copulador. Una vez acoplados mediante esta postura (que adopta curiosamente forma de corazón) el macho introduce el esperma dentro de la hembra. Cabe señalar que en los odonatos se produce “competencia espermática” que no significa otra cosa que cada macho pretende que sea su esperma el que fecunde los huevos y para ello son capaces (durante la cópula) de extraer el esperma de otro macho que haya copulado previamente con la hembra. Para evitar esta “perdida” de su esperma, los machos de esta especie (y de los caballitos de diablo en general) han desarrollado una particularidad, que consiste en no soltar a la hembra tras la cópula y retomando la posición de tándem acompañarla a realizar la puesta de los huevos. Así la pareja volará en tándem junta hasta el lugar de puesta de los huevos (normalmente bajo la corteza de las ramas de los sauces), donde la hembra los depositara mientras el macho vigila para protegerla. Durante la puesta, la pareja es más vulnerable y es el momento que aprovechan algunas avispas y arañas para cazarlos.

Momento de la cópula de una pareja de Lestes viridis (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Los huevos quedarán en letargo bajo la corteza a la espera de que llegue el final del invierno (de esa manera se evita que las larvas tengan que hacer frente a los rigores del invierno), y en ese momento empezarán a desarrollarse los embriones, eclosionando finalmente las larvas de los huevos en primavera.

Tándem de Lestes viridis donde el macho porta a la hembra (Pinchar en la foto para verla a tamaño real)

Como veis, de los calores de octubre, nacerá la siguiente generación de Lestes viridis…

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