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Texto y fotografías: Mikel Urquiola / Iñigo Gómez de Segura

El agua es la vía natural de entrada de los seres humanos al subsuelo, es la que con su lento trabajar nos posibilita la creación de las cavidades que nosotros visitamos y la que además decora con su inagotable trabajo químico los techos paredes y suelos de estas cavidades, sorprendiéndonos con las caprichosas formas que su quehacer logra.

Cauce de aguas subterráneas (Pinchar sobre la foto para ver a tamaño completo)

Muchas de nuestras montañas están constituidas por roca caliza, formada por los esqueletos y estructuras minerales de animales marinos que poblaron estas tierras (o mares) hace millones de años, lo que hace que su composición principal sea el carbonato cálcico. Esta composición es la que va a permitir el trabajo del agua, y lo que en definitiva nos va a brindar la posibilidad de que se formen cavidades.

El agua de lluvia se impregna de CO2 y se forma el ácido carbónico. Este agua de lluvia con ácido carbónico entra en contacto con la roca caliza y se produce una reacción química (el carbonato cálcico de la caliza pasa a bicarbonato de calcio mucho más soluble en agua) que hace que la roca caliza se disuelva en el agua. Este proceso se realiza lentamente y en diferente magnitud en función de varios factores (clima, precipitaciones, composición del suelo y de la caliza, etc.), pero poco a poco el agua va disolviendo la roca y abriéndose camino hacia abajo empujada por la fuerza de la gravedad. De esta manera, se van creando grietas, simas, y conductos por donde discurre el agua; conductos que al hacerse más y más grandes pueden derrumbarse y generar cavidades aun mayores por donde el agua sigue discurriendo y sigue disolviendo y trabajando la piedra poco a poco. Este incansable trabajo crea auténticos ríos subterráneos, que van profundizando cada vez más generándose cavidades con distintos niveles o pisos.

Lago subterráneo(Pinchar sobre la foto para ver a tamaño completo)

Los pisos superiores, aquellos que los ríos subterráneos abandonan definitivamente, y que denominamos galerías fósiles, se empiezan a llenar con el largo paso de los años de estructuras de calcita como son estalactitas, estalagmitas, coladas, etc., (cuyo proceso de formación dejaremos para otro post) convirtiendo estas galerías en maravillosos paisajes subterráneos .

Precioso río subterráneo (Pinchar sobre la foto para ver a tamaño completo)

En los pisos medianos e inferiores, en lo que denominamos galerías activas, las aguas subterráneas correrán de forma continua (todo el año) o de forma intermitente (en periodos de grandes lluvias o fuertes nevadas), y es en estos niveles en los que en nuestras visitas subterráneas nos podremos encontrar con auténticos ríos subterráneos, que nos asombran e intimidan con su fuerte estruendo antes incluso de verlos, con preciosos lagos subterráneos que nos maravillan con sus reflejos y el tintineo arrítmico de las gotas de agua cayendo en su superficie, o incluso con auténticas cascadas subterráneas, saltos en los que las aguas subterráneas enseñan su cara más contundente. Y podemos seguir el recorrido de estas aguas, de estos ríos, por unos metros por lo menos, hasta que a través de una pequeña abertura, o un sumidero o una cascada infranqueable las aguas nos dicen adiós y siguen su camino hacia las profundidades, y mientras nosotros llenos de emoción y barro en la mochila volveremos hacía la superficie.

El río desaparece (Pinchar sobre la foto para ver a tamaño completo)

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