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Texto y fotografías: Mikel Urquiola

En el acervo popular de nuestro entorno, el monte más emblemático es el Gorbea y su imagen más característica su cruz, enclavada en lo más alto, como decía aquella canción. Sin embargo, para nosotros, los verdaderos tesoros naturales del Parque natural del Gorbea se encuentran a sus pies, esparcidos por los bosques y barrancos de Altube, en las campas de Arraba, en Egiriñao, a lo largo del río Baias y, cómo no, en Itxina.

Las Atxak y el farallón rocoso desde Urigoiti, en Orozko

Algunos han afirmado, no sin cierta ocurrencia, que el Serengueti vasco se encuentra en el raso de Urbasa, por la llanura verde que, en ocasiones y, eso sí, sin tantos animales salvajes, se pierde en el infinito. Pues bien, cerca del Serengueti también está otro de los lugares más mágicos que he visto, el cráter del Ngorongoro, una caldera de 20 kilómetros de largo por otros tantos de ancho, en el que se concentra la mayor cantidad y diversidad de fauna del continente africano y un encanto embriagador. Así, si Urbasa es el Serengueti vasco, Itxina sería el Ngorongoro vasco, no por la fauna que alberga sino por la magia natural que desprende.Por eso, Itxina se erige, para nosotros, como uno de los escenarios naturales más mágicos de nuestro entorno. Itxina es la meseta kárstica que se eleva en el Gorbea en torno a los 1.000 m. Situarte en cualquier borde de Itxina es plantarte delante de una caldera colmatada de cuevas, simas, leyendas, hayas y caliza por doquier. Aquí es cuando la naturaleza te convierte en un ser insignificante y efímero, casi a su merced.

Atxarre desde Atxaragaun

Itxina tiene varios puntos de acceso, de tal forma que si el ojo de Atxulaur es la puerta natural de Itxina, al sureste de Orozko se sitúa la trasera, una tapia de 400 metros de desnivel y donde decidieron quedarse varadas las Atxas, unos pináculos calizos a modo de miradores defensivos de las tormentas que entran por el norte del macizo. A este farallón rocoso es posible ascender a través de un corredor que, tras pasar la cascada de Aldabide, uno de los desagües de Itxina, se abre a los pies del Axkorrigan (1.095 m.) y conduce al collado de Atxaragun, magnífica atalaya para observar Itxina. Desde aquí también podemos sumergirnos en un verdadero laberinto kárstico camino del lapiaz cimero de Atxarre. Otra posibilidad es realizar un recorrido circular, tanto por fuera de la muralla rocosa como por su interior, enlazando sendas esquivas y descansando, una vez pasado Kargaleku, en Arraba.

Puerta de Atxulaur

También se puede optar por explorar Supelegor, Axlegor u otras de las 120 cavidades que alberga Itxina, en las cuales todavía se continúa topografiando galerías y conexiones entre varias cuevas, recorrer el lapiaz cimero o, simplemente, perderte por este laberinto kárstico sin más orientación que la intuición y la experiencia montañera. Con mucho cuidado, eso sí. Pero, sin duda, no podemos dejar de cerrar los ojos, agudizar el oído, dejar volar la imaginación y sentir la naturaleza en estado puro.

Visión típica del lapiaz en terrenos kársticos como Itxina

Un libro interesante sobre el universo Itxina es Itxina. Toponimia, paisaje, vivencia, de José Antonio de la iglesia, editado por la Diputación de Bizkaia y Álava.

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